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CENTRO HÍPICO DE ALTO RENDIMIENTO DE DOMA CLÁSICA EN ULTZAMA, NAVARRA

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  • Proyecto: Centro Hípico de Alto Rendimiento de Doma Clásica, Ultzama
  • Situación: Zenotz - Valle de la Ultzama, Navarra
  • Arquitecto: Francisco José Mangado Beloqui
  • Colaboradores: Arquitectos: David Martínez Grande, Janka Rust, César Martín Gómez;  Aparejador: Pedro Legarreta 
  • Superficie Actuación: 5.200 m2
  • Año Construcción: 2007-2008
  • Entidad Propietaria: Obra Privada 

En el centro de uno de los valles más húmedos del norte de Navarra. Un valle de colinas suaves pero robustas, donde el pasto verde y los robles configuran un paisaje de fuerte carácter cuyo color va cambiando según las estaciones. Un valle poblado según un sistema de pequeños núcleos relativamente cercanos, que se configuran de una manera solo aparentemente aleatoria. Con edificaciones potentes, de grandes volúmenes unitarios y aislados que parece que se tocan, pero que en realidad luchan unos con otros por demostrar su rotundidad arquitectónica. Una rotundidad que nace de la climatología existente, pero también de un sistema productivo, el ganadero, que antaño obligaba a alojar en la casa a todos, habitantes y animales. Una rotundidad en la que siempre destaca la cubierta como elemento unificador de los distintos contenidos. La rotundidad, en definitiva, del "caserío navarro". En este contexto, se plantea construir un complejo hípico de alto rendimiento dedicado a la doma clásica y que alberga algunos de los caballos, de las fuerzas de la naturaleza más sofisticadas y a la vez fuertes, que la misma ha creado.

La idea de la claridad y el poder arquitectónico demostrado en los asentamientos adyacentes, siempre ha estado presente en el proyecto. Por encima de los materiales o de determinadas configuraciones expresivas, ha sido este principio, el de la volumetría clara como manera de relacionarse con el entorno, lo que inspira la propuesta. Una claridad que invade, no sólo la manifestación externa, sino también la organización estructural y constructiva de los edificios. Junto a ello, otra reflexión, intensamente arquitectónica, está detrás del proyecto. La mezcla de escalas, la manera de jugar con ellas y de relacionarse, la necesidad de combinar grandes espacios de entrenamiento o de cuadras, con otros más menudos de carácter doméstico, argumenta la decisión fundamental de que todos los usos, independientemente de su tamaño, aparezcan recogidos y configurados en esos volúmenes únicos y totales, coherentes a su vez con la idea de claridad y rotundidad a la que nos hemos referido en la reflexión anterior. De esta manera, las casas que albergan  las personas que trabajan y entrenan en el complejo, no se diferencian de la volumetría, casi de granja agrícola, definida para contener las pistas de  entrenamiento o las cuadras, sino que, por el contrario, se ubican integradas en el interior de estos volúmenes, no estableciendo diferencia alguna con los mismos, ya que ello hubiera significado una fragmentación poco compatible con el paisaje natural y arquitectónico del valle.

Los materiales juegan un papel importante en el proyecto. La sustitución de los habituales y tensos muros enfoscados y pintados de blanco de los caseríos y las granjas de ganado por la chapa de color aluminio, permite, combinada con la madera de roble que se utiliza tanto en las carpinterías, como en los interiores, revestimientos verticales y pavimentos, un  juego de gran valor expresivo. En general, el uso de los materiales se ve ilustrado por un principio como es el de intentar dotar de contemporaneidad a soluciones tradicionales presentes en el entorno. En este sentido, la manipulación del roble a partir de grandes secciones procedentes de la explotación controlada de los bosques propios, una manipulación que, como en el caso de las grandes piezas que salvan algunos desniveles existentes se limita a simples cortes volumétricos de un tronco, resulta fundamental en la lectura material del conjunto.

La organización es relativamente sencilla. Un gran volumen alargado contiene las cuadras y las viviendas de guardas y trabajadores. La cubierta es la misma, inclinándose ésta para albergar la mayor altura requerida por el segundo uso a la vez que en este punto se configura el acceso principal al conjunto. Paralelamente, un gran volumen conectado perpendicularmente con el primero, contiene la pista olímpica de entrenamiento así como la vivienda de los propietarios y una zona de estar y formación para jinetes y entrenadores. Así desde los lugares de estancia, se tienen vistas directas tanto hacia la pista interior como exterior.

El proyecto de paisaje, básicamente sigue las directrices de las parcelaciones del valle. Líneas de robles dividen los lotes, configurando prados longitudinales que siguen, más o menos, una directriz perpendicular al río, el río Ultzama, donde todavía se pueden encontrar truchas y nutrias, y que delimita la finca. Ahora, estos prados están llenos de caballos.

"El uso del galvanizado"

La utilización de la chapa galvanizada y posteriormente lacada responde a tres razones fundamentales.  La primera, de carácter más conceptual, tiene que ver con la manera de relacionarse con el lugar.  El material, de una manera menos visible, es muy utilizado en las cubiertas de las granjas vecinas. Habitualmente de color rojo, en sustitución de las tejas tradiciones de ese color, es un material sugerido por la propia normativa. Nuestra propuesta pretende demostrar que su utilización masiva, como es el caso, no sólo no es contraria con la manera de entender la relación con el paisaje y el entorno constructivo del valle, sino que puede llegar a traducir en clave contemporánea muchos de los valores implícitos en estas preexistencias. El hecho de que tanto cubiertas como fachadas sean del mismo material, abunda en la idea de rotundidad, contundencia y clara volumetría, conceptos todos estos claramente visibles en la manera de construir los "caseríos" del lugar y nuestro edificio. Esta unidad permite desarrollar una relación con el paisaje de tú a tú, directa,  tal y como ocurre entre los grandes volúmenes de los pequeños pueblos del valle y el extraordinario paisaje del mismo.

La segunda razón  tiene que ve con las posibilidades que el material ofrece en relación a la manifestación de un lenguaje contemporáneo. Sin duda en relación con lo explicado anteriormente, esta idea viene a expresar cómo el recurso a materiales como el que nos ocupa, no tradicional, permite desarrollar una composición y un resultado  formal más abstracto aun cuando en el edificio se reproduzcan elementos que claramente pertenecen a la manera de hacer del lugar: cubiertas a dos aguas, aleros,  etc.… Por otra parte, la rica textura producida por la ondulación colocada según una dirección vertical reproduce,  con la luz, una textura atractiva que abunda en la bondad de la decisión de utilizar este material. Igualmente el color elegido, aluminio natural, resulta coherente con la búsqueda de un lenguaje contemporáneo que, por otra parte, reconoce las más claras manifestaciones formales de la arquitectura del lugar y juega con las distintas luces del mismo.

Finalmente la tercera razón tiene que ver con el mantenimiento y la durabilidad del material y su facilidad para manipularse en la ejecución de los distintos detalles. La ligereza del mismo y el sistema constructivo utilizado para su colocación, permiten una rápida sustitución en caso de que alguna de las piezas sufra un deterioro tal y como ha ocurrido,  en general, por golpes recibidos por la maquinaria agrícola utilizada.

La chapa ha sido utilizada como panel sándwich ejecutado "in situ". Una primera chapa lacada en blanco hacia el interior y una lacada en color aluminio hacia el exterior. En medio se han utilizado 8cm de aislamiento de fibra de vidrio. Su comportamiento en todo el complejo, con gran cantidad de cubierta y encuentros, en una zona en la que llueve y nieva con gran intensidad, ha sido excelente.

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